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LA NAVIDAD Y EL NIÑO QUE LLEVAMOS DENTRO
Por Juan Fernando Gómez Ramírez *
Al acercarse las fiestas de navidad y año nuevo es común que percibamos una sensación
muy especial, al acudir a nuestra memoria los maravillosos recuerdos de la infancia que
nos llevarán al reencuentro con el niño que llevamos dentro, al que de pronto hemos
olvidado por el agobio cotidiano representado en el trabajo y el esfuerzo constantes, que
con frecuencia nos aíslan también de los demás, dificultando aquella vivencia
enriquecedora descrita por Octavio Paz cuando afirma: para poder ser, he de ser otro,
salir de mi, buscarme entre los otros.
Ese niño interior nos ayudará a avivar la llama de la alegría, a recuperar la capacidad
de asombro, a reírnos, y de manera muy importante, a jugar con los niños que conviven
con nosotros, pues como afirma Pablo Neruda: el adulto que no juega, perdió por siempre
al niño que vivía con él y que le hará mucha falta.
Este es, pues, un tiempo propicio para acortar distancias, no sólo físicas sino también
afectivas, para desterrar la tristeza, para vivir el presente y planear con optimismo el
futuro, con un sentimiento contagioso de afirmación vital.
Con respecto a nuestros hijos, hay numerosas actividades recomendables para el buen uso
del tiempo libre, que se pueden clasificar en intra y extrahogareñas; entre las primeras,
se pueden recomendar: juegos individuales y en compañía, el uso juicioso de la
televisión y los video juegos, algunos deportes y por excelencia, la lectura. Entre las
segundas, se pueden sugerir: juegos y deportes en espacios abiertos, paseos al campo y a
la playa, reuniones de grupos por edades, visitas a sitios culturales y por qué no,
alguna actividad solidaria.
Vivamos intensamente estas fiestas navideñas dejándonos llevar por la emoción, la
espontaneidad y la ternura propias del espíritu infantil, que tanto nos enseña en todas
las etapas de la vida.
(*) Pediatra y Puericultor
Profesor - U de A.
LA SALUD, LAS VACACIONES Y LA NAVIDAD
Por Luis Carlos Ochoa Vásquez *
Por el intenso consumismo que nos bombardea a diario y por todos los medios, la navidad se
ha convertido de manera casi natural, en la época de los excesos, de la ausencia de
normas, del "todo vale".
Es cierto que por la coincidencia de esta temporada con las vacaciones más extensas del
año, se alteran muchos horarios y actividades: no hay que madrugar, no hay clases y los
horarios en el hogar se vuelven más laxos.
Pero eso no significa que desaparezcan las normas, los hábitos saludables, las conductas
adecuadas de las relaciones con los demás.
Las vacaciones y la temporada navideña tienen unos fines muy concretos: el necesario
descanso del cuerpo y de la mente, la necesidad de hacer un alto en el camino de la rutina
diaria, el encuentro con los familiares y, muy especialmente, la celebración del
Nacimiento de Jesús, lo que nos da la oportunidad de fortalecer y reafirmar no sólo una
tradición, sino uno de los fundamentos de la fe. Se trata, entonces, de que después de
esta época, regresemos todos al estudio y al trabajo, con nuevos bríos, con entusiasmo
renovado y con una salud física y mental fortalecidas.
Para el logro de estos objetivos, veamos las siguientes recomendaciones:
- El descanso físico: vacaciones no es sinónimo de no hacer nada. Como ya se anotó, es
necesario salir de la rutina, de los horarios rígidos. El no tener que madrugar, el poder
hacer unas buenas siestas en el campo, en una hamaca, son momentos especiales. Pero la
actividad física no debe desaparecer por completo. Realizar caminatas, montar en
bicicleta, nadar, hacer ejercicio en un gimnasio, son actividades necesarias para el
cuerpo.
Dentro de este punto merece especial atención lo referente al sueño. Son muchos los
jóvenes que alteran de manera drástica y nociva esta necesidad fisiológica: duermen
todo el día y trasnochan hasta el amanecer. Este cambio trastorna toda la fisiología del
cuerpo, los llamados "relojes circadianos" arruinando el bienestar, la capacidad
de alerta durante varios días. Aún siendo joven, no hay duda alguna de que esta
situación afecta la salud.
- La alimentación: por la misma razón del punto anterior, es recomendable mantener unos
hábitos alimenticios sanos: evitar los excesos en las comidas y los cambios drásticos en
los horarios. No se debe abusar de los platos típicos de esta época, pues además del
sobrepeso, están los cambios digestivos que pueden arruinarnos una salida u otra
actividad.
- Las bebidas: este es un punto muy preocupante ya que por esa permisividad mencionada
antes, se llega a aceptar como normal que en la Navidad y Año Nuevo, todo el mundo puede
beber hasta emborracharse. Son muchos los muchachos y muchachas que se tomaron sus
primeros tragos en sus propias casas, con la condescendencia de sus padres y ahora están
enfrentando un problema de alcoholismo pues no saben controlar la bebida. En este punto
hay que ser claros: las bebidas alcohólicas no son para ningún menor de edad. Sólo
pueden ser ingeridas de manera responsable, por los adultos en situaciones especiales.
Nadie está autorizado para beber sin límites. La embriaguez es una intoxicación y como
tal es atentatoria contra la salud y constituye un acto de irresponsabilidad, ya que se
hace voluntariamente.
- La pólvora: parece increíble que haya que seguir hablando de este tema, pero la
realidad demuestra que cada vez coge más auge, especialmente en las clases media y alta.
Hay que insistir una y otra vez: "no existe ninguna pólvora segura",
exceptuando los juegos pirotécnicos realizados por expertos con las debidas precauciones.
La pólvora sólo deja pérdidas, cicatrices y secuelas irreparables. Detrás de un niño
o un muchacho quemado con pólvora, hay un padre de familia que por acción o por omisión
permitió que esto ocurriera.
¡FELIZ Y SANA NAVIDAD PARA TODOS!
* Pediatra. Profesor Facultad de Medicina UPB.
LA NAVIDAD DESPLAZADA
Por Hernán Mira Fernández *
Desplazamos la navidad. Hace unos años la temporada navideña empezaba el primero de
diciembre cuando, muy temprano, se comenzaban a escuchar las canciones que identificaban
las cadenas radiales. Ahora la navidad prácticamente empieza desde octubre con el
importado 'Halloween', una de las tantas formas de perder nuestra identidad nacional. Así
es como iniciar la navidad desde octubre, va borrando su verdadero sentido de solidaridad
y reconocimiento de los otros como dignos e iguales. En esta sociedad de la inequidad y la
exclusión, empezar a celebrar la navidad meses antes es desvirtuarla, banalizarla,
sacarle el cuerpo a su esencia que es reconocernos en los de menos, los excluidos, los
discriminados, los desplazados.
Tiene razón, entonces, el Presidente de la Corte Constitucional cuando dice: "No
más mamadera de gallo...No se le puede seguir tomando el pelo a la situación en que se
encuentran los desplazados" Y también los más de mil colombianos desplazados al
Ecuador por los combates entre el ejército y las Farc, que se quejaron por la falta de
atención del gobierno. Asi como los del volcán Galeras que dicen: "Nosotros no
queremos ser unos desplazados más" La navidad con estas condiciones sí que es
"mamadera de gallo", una farsa.
La gran desgracia de quienes carecen de derechos, dice la filosofa Hannah Arendt, no es
estar privados de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad o incluso de la
igualdad ante la ley, es el haber dejado de pertenecer a una comunidad. Su tara no es ser
diferentes ante la ley, es que para ellos no existe ninguna ley, así como se acaba de
señalar en este país. Los desplazados no tienen ni el mínimo derecho a la navidad.
En el caso de los desplazados, humillados y ofendidos, el amor es la forma suprema de
justicia. Cuando asumimos su causa y acogemos a los desplazados, es al huésped, a Dios
mismo a quien acogemos, señala el teólogo Louis Massignon. "Hemos de amar a la
persona desplazada, al refugiado, al extranjero más que a nosotros mismos...porque él es
el huésped de Dios". Esta sí que es la verdadera navidad, la que sí es de todos
los días y de todo el año. La navidad en sí es una historia de desplazamiento y eso nos
obliga a responder.
(*) Profesor U. de A. y UPB
NAVIDAD: ¿CONSUMIR O COMPARTIR?
Por Rubén Darío Barrientos G. *
Los ángulos de la navidad, se ven con diferentes cristales. Por ejemplo, una niña de
diez años dijo: "me gusta la navidad porque mis papás no me regañan y fuera de
eso, la casa se ve más bonita con el pesebre y el árbol". La misma periodista que
entrevistó a la chica, le pidió también su versión a la mamá y manifestó: "la
navidad es una gran felicidad que tenemos escondida todo el año y que se sale en
diciembre". No se libró el padre de ser inquirido y sentenció: "para mí, la
navidad es una excusa más para juntarse en familia".
No hay duda de que la navidad es "un estado de ánimo". Es, talvez, la
celebración más inspiradora del año. Juan Pablo II, fue reiterativo en aseverar que la
navidad era la fiesta de la familia y de la vida. En su esencia, nos permite comprender la
contemporaneidad del nacimiento de Jesús, que siempre está naciendo y muriendo por
nosotros. De ahí que sólo desde una vivencia interior profunda, podamos vivir la
navidad.
Cuando los adultos hacemos memoria del pasado, recordamos y añoramos actividades en
familia, que se repitieron año tras año y que nos brindaron grandes cargas de felicidad.
La armada, entre todos, del pesebre y el árbol, al igual que la cena de navidad servida
con el más grande amor, evidencian momentos históricos que se convierten en tesoros
incomparables. Y esa tradición, que se reclama a gritos en el mundo de hoy, provee un
sentido de continuidad, entendimiento y acercamiento.
La idea es reunirse para compartir con alegría, buena voluntad y amistad, el nacimiento
de Jesús. La navidad tiene ese encanto de convocar al encuentro y de fortalecer los lazos
familiares. Por eso, es una fiesta entrañable. De su quintaesencia, salen aromas y deseos
de felicidad y de paz. Y de su bello sentir, se deslizan sentimientos de cercanía que
crecen con la experiencia compartida.
No hay otro tiempo y lugar, por mucho que se busque, que nos permita pertenecer con más
fuerza a la familia y a la sociedad. Naturalmente, el colorido, el goce, la unidad, los
símbolos, el calor del hogar, sumados al epicentro del misterio del nacimiento de Jesús,
crean un ambiente de oración inclaudicable. En ese fervor, es imperativo contarles a los
hijos historias navideñas, anécdotas de estos festejos, travesuras de la infancia y
vivencias que unen y que invitan a la tranquilidad espiritual.
No por menos triste, es cierto que, a pesar de los pesares, muchas personas
"consumen" más de lo que comparten. Nadie es ajeno a que los adornos navideños
y la fiebre avasallante de los regalos y de la sociedad de consumo, inundan los espacios
públicos y privados, hasta tentar a que la navidad sea un juego de dinero en donde como
se tiene más, simplemente se gasta más. ¡Cuidado! Puede llegarse a un estrés
navideño, en donde existe la irracionalidad de desaforar pasiones y de sucumbir ante la
inercia de los demás.
La temporada navideña, como es natural, no sólo aumenta las actividades sino que, las
enreda y multiplica. Y en ese afán irremediable, deben buscarse atajos para compartir
abrazos, tiempos, cercanías y nostalgias. Ello implica hacer esfuerzos considerables,
pero vale la pena intentarlos. La idea es reunirse. Y que la entrega de regalos simbolice
la bondad y la alegría de compartir, sin olvidar a los que nada tienen. Tener los
corazones abiertos para ellos, forma parte del compromiso que nos reafirma como seres
universales.
Que se abran las sonrisas, que se sientan las emociones fuertes, que fluyan los buenos
deseos, que reine un ambiente de paz, que la templanza gobierne los días y que el
nacimiento de Jesús ilumine el sentido de la unidad familiar. Todo esto es el espíritu
de la navidad.
* Abogado.
¡QUE SUENEN LAS CAMPANAS!
Por María Cecilia González T.
Abre tu corazón...es Navidad! que suenen las campanas y cada repique sea el anuncio de un
hombre nuevo, que retomando las enseñanzas de la Sagrada Familia, sea testimonio de un
mundo justo, en donde el amor, la misericordia, la reconciliación, la justicia y el
perdón, sean el respaldo de un estilo de vida de todos los que tienen un "sonido y
repique" propio.
Que época tan especial no sólo para compartir y divertirnos, sino para rescatar y
anunciar toda acción que proviene de recuerdos maravillosos, que quedarán por siempre
como un sello indeleble en nuestro corazón. No son las luces, los adornos, el pesebre,
las festividades las que recordamos; son todas las emociones, alegrías, esperanzas y
esfuerzos de todos los que nos han acompañado en nuestras vidas, logrando así dar la
trascendencia y el verdadero significado que tiene cada tradición. Los lujos,
apariencias, estilos, coloridos, son detalles accesorios; lo que marca al corazón es el
cómo todo esto se ha venido orquestando a lo largo de nuestras vidas y el descubrir que
figuras definitivas en la existencia, han dejado su huella a través del cómo se ha
vivido.
Que suenen las campanas! Que fortuna poder hoy descubrir el verdadero significado de cada
regalo y de cada bendición a lo largo de la existencia, marcados con el sello del amor.
No recordamos aquellos "zapaticos añorados", cuando entendimos la lucha y
esfuerzos de papá y mamá, sus desvelos, preocupaciones y su fortaleza al dar a cada hijo
no sólo lo que necesitaba y se podía, sino lo que sorprendería; aquellos
"zapaticos" los cuidabamos mucho, porque le daban al alma un colorido diferente
que sólo el amor de papá y mamá lograban dar. Sí, es una gran bendición poder
recordar lo trascendental, pero que bendiciones maravillosas las que la vida continúa
ofreciendo, al permitirnos continuar experimentando el sentido de vida y la necesidad de
vivir con un fin en la mente; cada dificultad, cada reto y cada dolor, al igual que cada
dicha y satisfacción, son las bendiciones que nos anuncian las campanas de la Navidad,
para que despertemos a la vida, para que vivamos desde el amor y para que gastemos la
existencia consecuentemente con los sueños y esperanzas y poder realmente dar paso a una
vida llena de Dios... que suenen las campanas! que nos anuncien el descubrimiento de gozar
desde lo simple y válido, que le indiquen a cada familia lo vital que es permanecer
unidos, que despierte en cada uno el coraje, el compromiso y la dedicación que se
requiere cuando se ha decidido amar y servir. Que cada sonido despierte no sólo ilusiones
sino un sentir responsable frente a la existencia. Que suenen las campañas anunciando la
Navidad!
* Psicóloga
¿QUÉ SE QUIERE DECIR CUANDO SE DESEA UNA FELIZ NAVIDAD?
Por: Vladimir Zapata V. *
En primera instancia parece una fórmula ritual que cabe tanto en el saludo de entrada
como en la despedida durante el período decembrino y de final de año. Hace parte del
repertorio de las buenas maneras en conexión con la "estación" vacacional.
Como práctica de cortesía se puede vaciar de su sentido original sin causar problemas,
acentuando el peso específico de la norma de urbanidad sin más. En una sociedad
desencantada, pues, el significado es meramente naturalista y tiene un direccionamiento
humano, marcado por el sesgo de la buena voluntad. En ello hay algún valor porque remite
a buenas relaciones humanas, tiene resonancias con compartir y desear lo mejor. Es
etiqueta que se admite y se despliega en las relaciones sociales sin compromiso
trascendental y en tal horizonte, adquiere la dimensión de la aceptación sin ir más
allá. Es buena educación.
Sin embargo, el contenido original del término salta hasta la esfera de lo sobrenatural.
En efecto, mientras para cualquier persona se habla de su fecha de nacimiento y a partir
de allí se amplía su biografía, en clave de fe el término solo, se usa para referirse
a Jesucristo. La expresión exacta está relacionada con el día en que se celebra la
natividad de nuestro Señor Jesucristo. Se alude con ella, concretamente, a una
temporalidad en la que se actualiza el evangelio de la infancia, se remite con la misma a
la memoria activa, a las primeras experiencias existenciales del Jesús histórico, de los
eventos preparatorios al nacimiento que tienen que ver con lo que se llama adviento, esto
es, las cuatro semanas previas a la aparición del Niño Dios en el pesebre. Como dice el
Prefacio de Navidad: en el cuerpo de Jesús, Dios "que era invisible en su naturaleza
se hace visible". Aquí hay un misterio que junto con el de la Pascua ilumina toda la
vida terrena de Cristo. Alguna luz para alcanzar a discernir, a entender aunque muy
inicialmente, nos toca y en ello radica parte de la importancia de la navidad para los
creyentes. Del entendimiento al emprendimiento vital no hay sino un paso que se evalúa
con la aventura de la vida cotidiana. Navidad, entonces, es como el primer hervor
existencial, experiencia similar a la del momento previo al comienzo de un evento todavía
sin contaminación, sin sometimiento a la malicia, sin homenajes al interés de lucro.
Navidad es referencia vital en la pura gratuidad y alegría de lo real maravilloso.
Navidad, vista así, es un impulso hacia la expansión de la personalidad individual y
comunitaria. Es la seguridad, desde el acontecimiento inaugural, de que la salvación
definitiva llegará.
El Catecismo de la Iglesia Católica recoge el sentido genuino de la Navidad en su numeral
526: "Hacerse niño" con relación a Dios es la condición para entrar en el
Reino (cfr Mt 18, 3-4); para eso es necesario abajarse (cfr Mt23, 12), hacerse pequeño;
más todavía: es necesario "nacer de lo alto" (Jn 3,7), "nacer de
Dios" (Jn 1, 13) para "hacerse hijos de Dios" (Jn 1,12). El misterio de
Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo "toma forma" en nosotros (Ga 4,19).
Navidad es el misterio de este "admirable intercambio".
* Educador
NOCHE DE PAZ - Villancico
Historia
La canción navideña mas popular: Stille Nacht (Noche de Paz) fue cantada por primera vez
en la Misa de Nochebuena del año 1818 en la iglesia de San Nicolás de Oberndorf, una
pequeña aldea a 10 Km, al norte de Salzburgo (Austria).
La creación surgió a partir de la idea de componer una canción para la Navidad para ser
ejecutada en la Iglesia del pueblo el día de la Fiesta.
El autor de la letra fue el Padre Joseph Mohr, coadjutor de la Iglesia de San Nicolás
entre los años 1817 y 1819, y la música se debe al Profesor Franz Xaver Gruber, maestro
de escuela en el pueblo de Armsdorf y organista de la Iglesia de San Nicolás.
La noche del 24 de diciembre de 1818, "Noche de Paz" se interpretaba por primera
vez. El Padre Mohr canto como tenor y acompañó con guitarra, Gruber en la voz de bajo,
mientras que el coro hacía el "ritornello" de los dos últimos versos. La
partitura definitiva de Gruber data del año 1855 y fue compuesta para soprano y contralto
con un "silencioso acompañamiento de órgano". El texto autógrafo se encuentra
en el Museo "Carolino Augusteum" de Salzburgo.
A fines del siglo XIX, el templo de San Nicolás sufrió un terrible incendio dejándolo
en un estado tan precario que se hizo necesario demolerlo en 1906 por razones de
seguridad.
En el mismo sitio donde se encontraba la antigua Iglesia se levanto una pequeña capilla
conmemorativa del Stille Nacht inaugurada el 15 de agosto de 1937 para recordar el lugar
en donde se canto la celebre canción navideña y en honor de sus autores.
La capilla, de dimensiones modestas, es de planta octogonal con una cúpula como techo. En
su interior, sobre el altar adosado a la pared se levanta un hermoso retablo de madera
tallada policromada que recuerdan misterios de la vida de Cristo. El panel mayor del
retablo, ubicado en la parte superior y que abarca los dos tercios de la altura total,
esta dedicado a la Natividad de nuestro Señor. Tres paneles inferiores registran La
Adoración de los Magos, La huída a Egipto, y entre ambos las Crucifixión. En los dos
únicos ventanales de los lados de la capilla, se encuentran dos vitrales con los retratos
de los autores, el Padres Mohr y el Profesor Gruber.
Todas las Nochebuenas, la capilla emplazada en un sugestivo jardín poblado de abetos que
lucen un espeso manto de nieve, es engalanada e iluminada especialmente, teniendo lugar
allí las celebraciones navideñas con gran participación de feligreses, muchos de ellos
vestidos con sus trajes tradicionales.
Noche de Paz
Noche de paz,
noche de amor.
Todo duerme
en rededor.
Sólo velan
María y José
Duerme el Niño
y durmiendo se ve
todo el cielo en su faz.
Noche de paz,
noche de amor.
Todo duerme
en rededor.
Sólo suenan
en la oscuridad
armonías de felicidad
armonías de paz.
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