Boletín #28 Diciembre 2005

 

 

 

LA NAVIDAD Y EL NIÑO QUE LLEVAMOS DENTRO
Por Juan Fernando Gómez Ramírez *


Al acercarse las fiestas de navidad y año nuevo es común que percibamos una sensación muy especial, al acudir a nuestra memoria los maravillosos recuerdos de la infancia que nos llevarán al reencuentro con el niño que llevamos dentro, al que de pronto hemos olvidado por el agobio cotidiano representado en el trabajo y el esfuerzo constantes, que con frecuencia nos aíslan también de los demás, dificultando aquella vivencia enriquecedora descrita por Octavio Paz cuando afirma: para poder ser, he de ser otro, salir de mi, buscarme entre los otros.

Ese niño interior nos ayudará a avivar la llama de la alegría, a recuperar la capacidad de asombro, a reírnos, y de manera muy importante, a jugar con los niños que conviven con nosotros, pues como afirma Pablo Neruda: el adulto que no juega, perdió por siempre al niño que vivía con él y que le hará mucha falta.

Este es, pues, un tiempo propicio para acortar distancias, no sólo físicas sino también afectivas, para desterrar la tristeza, para vivir el presente y planear con optimismo el futuro, con un sentimiento contagioso de afirmación vital.

Con respecto a nuestros hijos, hay numerosas actividades recomendables para el buen uso del tiempo libre, que se pueden clasificar en intra y extrahogareñas; entre las primeras, se pueden recomendar: juegos individuales y en compañía, el uso juicioso de la televisión y los video juegos, algunos deportes y por excelencia, la lectura. Entre las segundas, se pueden sugerir: juegos y deportes en espacios abiertos, paseos al campo y a la playa, reuniones de grupos por edades, visitas a sitios culturales y por qué no, alguna actividad solidaria.

Vivamos intensamente estas fiestas navideñas dejándonos llevar por la emoción, la espontaneidad y la ternura propias del espíritu infantil, que tanto nos enseña en todas las etapas de la vida.

(*) Pediatra y Puericultor
Profesor - U de A.



LA SALUD, LAS VACACIONES Y LA NAVIDAD
Por Luis Carlos Ochoa Vásquez
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Por el intenso consumismo que nos bombardea a diario y por todos los medios, la navidad se ha convertido de manera casi natural, en la época de los excesos, de la ausencia de normas, del "todo vale".

Es cierto que por la coincidencia de esta temporada con las vacaciones más extensas del año, se alteran muchos horarios y actividades: no hay que madrugar, no hay clases y los horarios en el hogar se vuelven más laxos.

Pero eso no significa que desaparezcan las normas, los hábitos saludables, las conductas adecuadas de las relaciones con los demás.

Las vacaciones y la temporada navideña tienen unos fines muy concretos: el necesario descanso del cuerpo y de la mente, la necesidad de hacer un alto en el camino de la rutina diaria, el encuentro con los familiares y, muy especialmente, la celebración del Nacimiento de Jesús, lo que nos da la oportunidad de fortalecer y reafirmar no sólo una tradición, sino uno de los fundamentos de la fe. Se trata, entonces, de que después de esta época, regresemos todos al estudio y al trabajo, con nuevos bríos, con entusiasmo renovado y con una salud física y mental fortalecidas.

Para el logro de estos objetivos, veamos las siguientes recomendaciones:

- El descanso físico: vacaciones no es sinónimo de no hacer nada. Como ya se anotó, es necesario salir de la rutina, de los horarios rígidos. El no tener que madrugar, el poder hacer unas buenas siestas en el campo, en una hamaca, son momentos especiales. Pero la actividad física no debe desaparecer por completo. Realizar caminatas, montar en bicicleta, nadar, hacer ejercicio en un gimnasio, son actividades necesarias para el cuerpo.

Dentro de este punto merece especial atención lo referente al sueño. Son muchos los jóvenes que alteran de manera drástica y nociva esta necesidad fisiológica: duermen todo el día y trasnochan hasta el amanecer. Este cambio trastorna toda la fisiología del cuerpo, los llamados "relojes circadianos" arruinando el bienestar, la capacidad de alerta durante varios días. Aún siendo joven, no hay duda alguna de que esta situación afecta la salud.

- La alimentación: por la misma razón del punto anterior, es recomendable mantener unos hábitos alimenticios sanos: evitar los excesos en las comidas y los cambios drásticos en los horarios. No se debe abusar de los platos típicos de esta época, pues además del sobrepeso, están los cambios digestivos que pueden arruinarnos una salida u otra actividad.

- Las bebidas: este es un punto muy preocupante ya que por esa permisividad mencionada antes, se llega a aceptar como normal que en la Navidad y Año Nuevo, todo el mundo puede beber hasta emborracharse. Son muchos los muchachos y muchachas que se tomaron sus primeros tragos en sus propias casas, con la condescendencia de sus padres y ahora están enfrentando un problema de alcoholismo pues no saben controlar la bebida. En este punto hay que ser claros: las bebidas alcohólicas no son para ningún menor de edad. Sólo pueden ser ingeridas de manera responsable, por los adultos en situaciones especiales. Nadie está autorizado para beber sin límites. La embriaguez es una intoxicación y como tal es atentatoria contra la salud y constituye un acto de irresponsabilidad, ya que se hace voluntariamente.

- La pólvora: parece increíble que haya que seguir hablando de este tema, pero la realidad demuestra que cada vez coge más auge, especialmente en las clases media y alta. Hay que insistir una y otra vez: "no existe ninguna pólvora segura", exceptuando los juegos pirotécnicos realizados por expertos con las debidas precauciones. La pólvora sólo deja pérdidas, cicatrices y secuelas irreparables. Detrás de un niño o un muchacho quemado con pólvora, hay un padre de familia que por acción o por omisión permitió que esto ocurriera.
¡FELIZ Y SANA NAVIDAD PARA TODOS!

* Pediatra. Profesor Facultad de Medicina UPB.



LA NAVIDAD DESPLAZADA
Por Hernán Mira Fernández
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Desplazamos la navidad. Hace unos años la temporada navideña empezaba el primero de diciembre cuando, muy temprano, se comenzaban a escuchar las canciones que identificaban las cadenas radiales. Ahora la navidad prácticamente empieza desde octubre con el importado 'Halloween', una de las tantas formas de perder nuestra identidad nacional. Así es como iniciar la navidad desde octubre, va borrando su verdadero sentido de solidaridad y reconocimiento de los otros como dignos e iguales. En esta sociedad de la inequidad y la exclusión, empezar a celebrar la navidad meses antes es desvirtuarla, banalizarla, sacarle el cuerpo a su esencia que es reconocernos en los de menos, los excluidos, los discriminados, los desplazados.

Tiene razón, entonces, el Presidente de la Corte Constitucional cuando dice: "No más mamadera de gallo...No se le puede seguir tomando el pelo a la situación en que se encuentran los desplazados" Y también los más de mil colombianos desplazados al Ecuador por los combates entre el ejército y las Farc, que se quejaron por la falta de atención del gobierno. Asi como los del volcán Galeras que dicen: "Nosotros no queremos ser unos desplazados más" La navidad con estas condiciones sí que es "mamadera de gallo", una farsa.

La gran desgracia de quienes carecen de derechos, dice la filosofa Hannah Arendt, no es estar privados de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad o incluso de la igualdad ante la ley, es el haber dejado de pertenecer a una comunidad. Su tara no es ser diferentes ante la ley, es que para ellos no existe ninguna ley, así como se acaba de señalar en este país. Los desplazados no tienen ni el mínimo derecho a la navidad.

En el caso de los desplazados, humillados y ofendidos, el amor es la forma suprema de justicia. Cuando asumimos su causa y acogemos a los desplazados, es al huésped, a Dios mismo a quien acogemos, señala el teólogo Louis Massignon. "Hemos de amar a la persona desplazada, al refugiado, al extranjero más que a nosotros mismos...porque él es el huésped de Dios". Esta sí que es la verdadera navidad, la que sí es de todos los días y de todo el año. La navidad en sí es una historia de desplazamiento y eso nos obliga a responder.

(*) Profesor U. de A. y UPB



NAVIDAD: ¿CONSUMIR O COMPARTIR?
Por Rubén Darío Barrientos G.
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Los ángulos de la navidad, se ven con diferentes cristales. Por ejemplo, una niña de diez años dijo: "me gusta la navidad porque mis papás no me regañan y fuera de eso, la casa se ve más bonita con el pesebre y el árbol". La misma periodista que entrevistó a la chica, le pidió también su versión a la mamá y manifestó: "la navidad es una gran felicidad que tenemos escondida todo el año y que se sale en diciembre". No se libró el padre de ser inquirido y sentenció: "para mí, la navidad es una excusa más para juntarse en familia".
No hay duda de que la navidad es "un estado de ánimo". Es, talvez, la celebración más inspiradora del año. Juan Pablo II, fue reiterativo en aseverar que la navidad era la fiesta de la familia y de la vida. En su esencia, nos permite comprender la contemporaneidad del nacimiento de Jesús, que siempre está naciendo y muriendo por nosotros. De ahí que sólo desde una vivencia interior profunda, podamos vivir la navidad.
Cuando los adultos hacemos memoria del pasado, recordamos y añoramos actividades en familia, que se repitieron año tras año y que nos brindaron grandes cargas de felicidad. La armada, entre todos, del pesebre y el árbol, al igual que la cena de navidad servida con el más grande amor, evidencian momentos históricos que se convierten en tesoros incomparables. Y esa tradición, que se reclama a gritos en el mundo de hoy, provee un sentido de continuidad, entendimiento y acercamiento.
La idea es reunirse para compartir con alegría, buena voluntad y amistad, el nacimiento de Jesús. La navidad tiene ese encanto de convocar al encuentro y de fortalecer los lazos familiares. Por eso, es una fiesta entrañable. De su quintaesencia, salen aromas y deseos de felicidad y de paz. Y de su bello sentir, se deslizan sentimientos de cercanía que crecen con la experiencia compartida.
No hay otro tiempo y lugar, por mucho que se busque, que nos permita pertenecer con más fuerza a la familia y a la sociedad. Naturalmente, el colorido, el goce, la unidad, los símbolos, el calor del hogar, sumados al epicentro del misterio del nacimiento de Jesús, crean un ambiente de oración inclaudicable. En ese fervor, es imperativo contarles a los hijos historias navideñas, anécdotas de estos festejos, travesuras de la infancia y vivencias que unen y que invitan a la tranquilidad espiritual.
No por menos triste, es cierto que, a pesar de los pesares, muchas personas "consumen" más de lo que comparten. Nadie es ajeno a que los adornos navideños y la fiebre avasallante de los regalos y de la sociedad de consumo, inundan los espacios públicos y privados, hasta tentar a que la navidad sea un juego de dinero en donde como se tiene más, simplemente se gasta más. ¡Cuidado! Puede llegarse a un estrés navideño, en donde existe la irracionalidad de desaforar pasiones y de sucumbir ante la inercia de los demás.
La temporada navideña, como es natural, no sólo aumenta las actividades sino que, las enreda y multiplica. Y en ese afán irremediable, deben buscarse atajos para compartir abrazos, tiempos, cercanías y nostalgias. Ello implica hacer esfuerzos considerables, pero vale la pena intentarlos. La idea es reunirse. Y que la entrega de regalos simbolice la bondad y la alegría de compartir, sin olvidar a los que nada tienen. Tener los corazones abiertos para ellos, forma parte del compromiso que nos reafirma como seres universales.
Que se abran las sonrisas, que se sientan las emociones fuertes, que fluyan los buenos deseos, que reine un ambiente de paz, que la templanza gobierne los días y que el nacimiento de Jesús ilumine el sentido de la unidad familiar. Todo esto es el espíritu de la navidad.
* Abogado.



¡QUE SUENEN LAS CAMPANAS!
Por María Cecilia González T.


Abre tu corazón...es Navidad! que suenen las campanas y cada repique sea el anuncio de un hombre nuevo, que retomando las enseñanzas de la Sagrada Familia, sea testimonio de un mundo justo, en donde el amor, la misericordia, la reconciliación, la justicia y el perdón, sean el respaldo de un estilo de vida de todos los que tienen un "sonido y repique" propio.

Que época tan especial no sólo para compartir y divertirnos, sino para rescatar y anunciar toda acción que proviene de recuerdos maravillosos, que quedarán por siempre como un sello indeleble en nuestro corazón. No son las luces, los adornos, el pesebre, las festividades las que recordamos; son todas las emociones, alegrías, esperanzas y esfuerzos de todos los que nos han acompañado en nuestras vidas, logrando así dar la trascendencia y el verdadero significado que tiene cada tradición. Los lujos, apariencias, estilos, coloridos, son detalles accesorios; lo que marca al corazón es el cómo todo esto se ha venido orquestando a lo largo de nuestras vidas y el descubrir que figuras definitivas en la existencia, han dejado su huella a través del cómo se ha vivido.

Que suenen las campanas! Que fortuna poder hoy descubrir el verdadero significado de cada regalo y de cada bendición a lo largo de la existencia, marcados con el sello del amor. No recordamos aquellos "zapaticos añorados", cuando entendimos la lucha y esfuerzos de papá y mamá, sus desvelos, preocupaciones y su fortaleza al dar a cada hijo no sólo lo que necesitaba y se podía, sino lo que sorprendería; aquellos "zapaticos" los cuidabamos mucho, porque le daban al alma un colorido diferente que sólo el amor de papá y mamá lograban dar. Sí, es una gran bendición poder recordar lo trascendental, pero que bendiciones maravillosas las que la vida continúa ofreciendo, al permitirnos continuar experimentando el sentido de vida y la necesidad de vivir con un fin en la mente; cada dificultad, cada reto y cada dolor, al igual que cada dicha y satisfacción, son las bendiciones que nos anuncian las campanas de la Navidad, para que despertemos a la vida, para que vivamos desde el amor y para que gastemos la existencia consecuentemente con los sueños y esperanzas y poder realmente dar paso a una vida llena de Dios... que suenen las campanas! que nos anuncien el descubrimiento de gozar desde lo simple y válido, que le indiquen a cada familia lo vital que es permanecer unidos, que despierte en cada uno el coraje, el compromiso y la dedicación que se requiere cuando se ha decidido amar y servir. Que cada sonido despierte no sólo ilusiones sino un sentir responsable frente a la existencia. Que suenen las campañas anunciando la Navidad!

* Psicóloga



¿QUÉ SE QUIERE DECIR CUANDO SE DESEA UNA FELIZ NAVIDAD?
Por: Vladimir Zapata V.
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En primera instancia parece una fórmula ritual que cabe tanto en el saludo de entrada como en la despedida durante el período decembrino y de final de año. Hace parte del repertorio de las buenas maneras en conexión con la "estación" vacacional. Como práctica de cortesía se puede vaciar de su sentido original sin causar problemas, acentuando el peso específico de la norma de urbanidad sin más. En una sociedad desencantada, pues, el significado es meramente naturalista y tiene un direccionamiento humano, marcado por el sesgo de la buena voluntad. En ello hay algún valor porque remite a buenas relaciones humanas, tiene resonancias con compartir y desear lo mejor. Es etiqueta que se admite y se despliega en las relaciones sociales sin compromiso trascendental y en tal horizonte, adquiere la dimensión de la aceptación sin ir más allá. Es buena educación.

Sin embargo, el contenido original del término salta hasta la esfera de lo sobrenatural. En efecto, mientras para cualquier persona se habla de su fecha de nacimiento y a partir de allí se amplía su biografía, en clave de fe el término solo, se usa para referirse a Jesucristo. La expresión exacta está relacionada con el día en que se celebra la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Se alude con ella, concretamente, a una temporalidad en la que se actualiza el evangelio de la infancia, se remite con la misma a la memoria activa, a las primeras experiencias existenciales del Jesús histórico, de los eventos preparatorios al nacimiento que tienen que ver con lo que se llama adviento, esto es, las cuatro semanas previas a la aparición del Niño Dios en el pesebre. Como dice el Prefacio de Navidad: en el cuerpo de Jesús, Dios "que era invisible en su naturaleza se hace visible". Aquí hay un misterio que junto con el de la Pascua ilumina toda la vida terrena de Cristo. Alguna luz para alcanzar a discernir, a entender aunque muy inicialmente, nos toca y en ello radica parte de la importancia de la navidad para los creyentes. Del entendimiento al emprendimiento vital no hay sino un paso que se evalúa con la aventura de la vida cotidiana. Navidad, entonces, es como el primer hervor existencial, experiencia similar a la del momento previo al comienzo de un evento todavía sin contaminación, sin sometimiento a la malicia, sin homenajes al interés de lucro. Navidad es referencia vital en la pura gratuidad y alegría de lo real maravilloso. Navidad, vista así, es un impulso hacia la expansión de la personalidad individual y comunitaria. Es la seguridad, desde el acontecimiento inaugural, de que la salvación definitiva llegará.
El Catecismo de la Iglesia Católica recoge el sentido genuino de la Navidad en su numeral 526: "Hacerse niño" con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino (cfr Mt 18, 3-4); para eso es necesario abajarse (cfr Mt23, 12), hacerse pequeño; más todavía: es necesario "nacer de lo alto" (Jn 3,7), "nacer de Dios" (Jn 1, 13) para "hacerse hijos de Dios" (Jn 1,12). El misterio de Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo "toma forma" en nosotros (Ga 4,19). Navidad es el misterio de este "admirable intercambio".

* Educador



NOCHE DE PAZ - Villancico

Historia

La canción navideña mas popular: Stille Nacht (Noche de Paz) fue cantada por primera vez en la Misa de Nochebuena del año 1818 en la iglesia de San Nicolás de Oberndorf, una pequeña aldea a 10 Km, al norte de Salzburgo (Austria).
La creación surgió a partir de la idea de componer una canción para la Navidad para ser ejecutada en la Iglesia del pueblo el día de la Fiesta.

El autor de la letra fue el Padre Joseph Mohr, coadjutor de la Iglesia de San Nicolás entre los años 1817 y 1819, y la música se debe al Profesor Franz Xaver Gruber, maestro de escuela en el pueblo de Armsdorf y organista de la Iglesia de San Nicolás.

La noche del 24 de diciembre de 1818, "Noche de Paz" se interpretaba por primera vez. El Padre Mohr canto como tenor y acompañó con guitarra, Gruber en la voz de bajo, mientras que el coro hacía el "ritornello" de los dos últimos versos. La partitura definitiva de Gruber data del año 1855 y fue compuesta para soprano y contralto con un "silencioso acompañamiento de órgano". El texto autógrafo se encuentra en el Museo "Carolino Augusteum" de Salzburgo.

A fines del siglo XIX, el templo de San Nicolás sufrió un terrible incendio dejándolo en un estado tan precario que se hizo necesario demolerlo en 1906 por razones de seguridad.

En el mismo sitio donde se encontraba la antigua Iglesia se levanto una pequeña capilla conmemorativa del Stille Nacht inaugurada el 15 de agosto de 1937 para recordar el lugar en donde se canto la celebre canción navideña y en honor de sus autores.

La capilla, de dimensiones modestas, es de planta octogonal con una cúpula como techo. En su interior, sobre el altar adosado a la pared se levanta un hermoso retablo de madera tallada policromada que recuerdan misterios de la vida de Cristo. El panel mayor del retablo, ubicado en la parte superior y que abarca los dos tercios de la altura total, esta dedicado a la Natividad de nuestro Señor. Tres paneles inferiores registran La Adoración de los Magos, La huída a Egipto, y entre ambos las Crucifixión. En los dos únicos ventanales de los lados de la capilla, se encuentran dos vitrales con los retratos de los autores, el Padres Mohr y el Profesor Gruber.

Todas las Nochebuenas, la capilla emplazada en un sugestivo jardín poblado de abetos que lucen un espeso manto de nieve, es engalanada e iluminada especialmente, teniendo lugar allí las celebraciones navideñas con gran participación de feligreses, muchos de ellos vestidos con sus trajes tradicionales.

 

Noche de Paz

Noche de paz,
noche de amor.
Todo duerme
en rededor.

Sólo velan
María y José
Duerme el Niño
y durmiendo se ve
todo el cielo en su faz.

Noche de paz,
noche de amor.
Todo duerme
en rededor.

Sólo suenan
en la oscuridad
armonías de felicidad
armonías de paz.


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