|
TRANSPARENCIA
Por: Hernán Mira Fernández (*)
"Toda acción referida a los derechos de los otros que no soporta ser publicada, es
injusta". Kant
La contundente afirmación del filosofo alemán, la hizo al reformular su imperativo
categórico -actúa de tal manera que tu acción se pueda volver principio universal- para
aplicarlo al ejercicio del derecho o de la política. El deber de un gobierno democrático
es ser transparente, hacer público lo que hace. También el deber ciudadano - y, en
especial, el de los representantes de los ciudadanos: el congreso- es exigirle al gobierno
que explique por qué hace lo que hace o deja de hacer lo que deja de hacer.
Como se ha podido ver permanentemente en la política, la impopularidad y deslegitimación
de los gobiernos no se debe sólo a las transgresiones de la ley denunciadas y
sentenciadas por los jueces. Es la incoherencia en las ideas y planteamientos, el
incumplimiento de las promesas y la omisión de respuestas lo que desilusiona a los
electores y hace que se multiplique el descrédito.
Siempre se piensa en la transparencia como un valor y una virtud más de la vida pública
que de la privada. Pero se olvida que esas actitudes, conductas y acciones de mostrarse
abiertamente a la luz pública y someterse al análisis y a las críticas positivas o
negativas de los otros, son cosas que se aprenden desde la infancia en el núcleo
familiar. No se puede exigir de los hijos que sean auténticos, francos, comprometidos con
la verdad, transparentes, cuando los padres ocultan sus acciones, se limitan a dar
justificaciones o acallan la voz de los hijos, en nombre de una falsa autoridad o poder,
cuando estos piden con todo derecho a sus progenitores que expliquen sus actos.
Ser moral es, en su mejor esencia, dar razón de los actos. Y es imposible e injusto
pedirle a los hijos que expliquen todas sus acciones o conductas, cuando las de nosotros
las mantenemos ocultas con el argumento tan falso y violento como ese tan común de
"aquí mando yo". A mayor poder, mayor responsabilidad. Y la transparencia que
nosotros diariamente le exigimos al gobierno y a las autoridades, es también la que
constantemente exigen los hijos. La transparencia que es esencial en la sociedad y la vida
pública, es un pilar fundamental de la vida familiar.
(*) Profesor U. de A. y UPB
LA HONORABILIDAD: ¿cosa del pasado?
Luis Carlos Ochoa V.*
Hay palabras que, gracias a una "nueva" moralidad y al desgaste producido por su
uso inadecuado en el lenguaje común, han perdido su vigencia, se convirtieron en
antigüedades. Tal es lo que sucede con honorabilidad, definida en el diccionario como
"dignidad, honradez" y honorable como "digno de ser honrado".
Cuando hablamos de esta cualidad, automáticamente la conciencia nos lleva al pasado (¡no
al presente!), a aquellos abuelos que cumplían la palabra empeñada a toda costa, sin
necesidad siquiera de su firma. Hoy, por el contrario, se asume que casi nadie es
honorable, que no basta su palabra para creer que va a cumplir una promesa, por eso la
exigencia de codeudores, hipotecas, testigos, pagarés, fianzas, seguros, etc. La honradez
y la honestidad, se convirtieron en acciones legalistas que en última instancia están
definidas por la astucia de un abogado o por "vicios de forma", eufemismo con el
que se dejan impunes muchos delitos. "Se dejó pillar", "dio papaya",
"estuvo de malas", son entre otras, las frases con las que, de manera olímpica
calificamos a aquellos que, tras haber cometido una falta, reciben una merecida sanción.
Por supuesto que tienen que existir las leyes, pero la honorabilidad y la honradez no se
construyen con decretos. Tenemos una de las constituciones más extensas y complejas del
mundo y sin embargo la violación de esas normas es un hecho espantosamente cotidiano. La
conducta recta se debe construir desde la infancia. Es el resultado de la relación con
figuras ejemplares y más tarde de la reflexión más que de las leyes. Ya lo dijo
Aristóteles: un adulto bueno fue antes un niño bueno a quien se habituó a actuar con
rectitud. Los elogios por cumplir con su deber y las sanciones por faltar a la verdad
harán que ese niño sea, con el tiempo, "naturalmente" honrado, honorable.
Es pues, necesario rescatar la noción de honorabilidad, vincularla a la vida diaria. Que
los hijos entiendan que se es honorable cuando se dice la verdad, así esto los enfrente
con sus compañeros; cuando pudiendo "copiar" de una amiga en una prueba por un
descuido del profesor, no lo hace; cuando en una compra nos devuelven más dinero del
justo y lo retornamos; cuando en unas votaciones escolares, en un concurso, escogemos a
los candidatos por sus méritos, no por intrigas o envidias.
En fin, que honorabilidad es tener el valor de no aceptar lo que no nos merecemos, de no
recibir algo por lo que no hemos luchado, pues alguien que sí ha trabajado por ello
dejará de recibirlo.
"Distinguir lo correcto de lo incorrecto en la vida diaria no es tan difícil; lo que
sí resulta arduo es vencer la pereza y la cobardía para hacer lo que sabemos
perfectamente bien que debemos hacer. Como todos los padres lo aprenden algún día, sólo
con breves ejemplos e incentivos apropiados se puede alentar esa fortaleza". Michael
Levim. Times.Nov/89.
*Médico Pediatra, Profesor UPB.
LA TELEVISIÓN DE MODA.
Por: Vladimir Zapata V.
Profesor de la UdeA.
Los programas de televisión más vistos en Colombia en los dos últimos años (2001 -
2002) son los conocidos como realities shows. Son puestas en escena o representaciones con
actores, personas, de carne y hueso que actúan su vida de verdad haciéndola pasar, por
arte del lenguaje televisivo, como ficción. Sea en una isla, en una casa o en un teatro,
el espacio se convierte en un artificio para crear sensaciones, en un lugar para desplegar
un guión en el cual se resuelve, como en la selva, la suerte de los actores a favor del
más fuerte o más hábil, más audaz o mentiroso, implicando adicionalmente a todos los
espectadores frente al televisor.
Transcurren en la pantalla aquellos eventos propios de la privacidad y la intimidad de las
gentes, ahora elevados a la categoría de públicos, del interés colectivo, mediante una
hábil jugada televisiva. Sin embargo lo más evidente allí es el cumplimiento del aserto
que sostiene que "por la plata baila el perro". El modo de ser preciso para tal
efecto está bien expresado en la proposición posmoderna del todo vale, nada vale.
Expedición Robinson, Popstars, Protagonistas de novela, son la prueba palmaria, como dice
el crítico de televisión Omar Rincón de que morbo, fraude, alucine, voyerismo, copia,
moda, negocio e indecencia, lo que sean, están aquí para quedarse. Igualmente, los
programas dejan constancias contradictorias acerca de que en este país tenemos: talento,
espíritu de sacrificio, solidaridad e iniciativa combinadas con desempleo, desespero,
mentira, afán de éxito a como dé lugar y un cierto toque de "canibalismo" con
el vecino.
Estos programas serán vistos, inevitablemente, por todos o al menos la gran mayoría en
los hogares. Es importante seguirlos con espíritu crítico, conversando sobre la real
significación de los mismos, con la conciencia como dice el profesor Rincón de que
"muestran una sociedad llorona, pusilánime, mentirosa, aparentadora y de doble
moral."
MI COLOMBIA
María Cecilia González T.
Psicóloga.
Somos parte de un pequeño grupo privilegiado y favorecido, en donde a diferencia de un
gran sector de la población afectado por la pobreza y la ignorancia, tenemos las
necesidades básicas cubiertas y elementos de juicio que deberían propiciar niveles
mayores de participación, reflexión y de cambio.
Lejos de reforzar los lazos de unión, confraternidad y solidaridad familiar, se ha
llegado al extremo de la pérdida de valores, degradando al ser humano desde la
institución más sagrada: la familia. Nos estamos acostumbrando a estar sin participar, a
actuar sin reflexionar, a hablar sin escuchar, a transgredir sin evaluar, a reaccionar sin
medir consecuencias.
No basta estar juntos en el hogar, hay que generar la diferencia en los estilos de
relación, estilos que posibiliten poner los valores en acción, participando en la
Colombia del círculo de influencia, que es en la que podemos actuar en forma pacífica,
innovadora, ética. Es en este escenario en donde se deben propiciar cambios y actuar
buscando lo que soñamos.
Si he construido una familia responsable con la historia, "Mi Colombia", estará
conformada por seres convencidos de que su existencia y sus buenas acciones serán su
contribución para la construcción de un mundo mejor. Se reemplaza así el paradigma de
esperar el cambio liderado por otros, para generar una transformación genuinamente
compartida para construir la paz.
El momento histórico presente nos exige una modificación radical de actitudes frente a
la dinámica de la familia; sólo así se podrá influir favorablemente en otras esferas.
La felicidad existe sobre la tierra y se la conquista con el ejercicio prudente de la
razón, el conocimiento de la armonía del universo y la práctica constante de la
generosidad¨. José Martí.
HOSPITALIDAD Y ACOGIDA.
Por: Vladimir Zapata V.
Profesor UdeA.
"Para que pueda ser, he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros."
Octavio Paz.
Estas son palabras potentes que hoy aluden a una necesaria manera de ser y de obrar para
restaurar el hilo roto y perdido del cuidado de los otros como condición infaltable para
construir un mundo de relaciones sanas, solidarias, enrutadas hacia la felicidad
existencial. Tales palabras tienen que ver con la pregunta radical que nos plantean los
demás acerca de cómo vivir, es decir, nos remiten a una postura ética.
"El rostro del prójimo significa para mí una responsabilidad irrecusable que
antecede a todo consentimiento libre, a todo pacto, a todo contrato."1 El dato más
acuciante para la vida cotidiana y los procesos de socialización primaria y secundaria
(educación) es la existencia y la presencia del hombre, de todo hombre, considerados
individual y colectivamente como la precondición para la reflexión y la construcción
científica. La admisión del otro en mi vida es una interrogación permanente y en el
horizonte de mis relaciones implica mucho más que un juego de roles. Es la condición
necesaria para desarrollar identidad y pertenencia a la especie y a una sociedad
particular. Es el ineludible interjuego del nosotros y de los demás. De allí se deriva
el cuidado de ambos y la capacidad de dar cuenta de ello y de más.
El otro, pues, emerge como provocación para llegar a ser y en esta respuesta se produce
la constitución de uno y otro. "Y desde esta respuesta al otro originaria, desde
esta heteronomía que funda la autonomía del sujeto, la relación educativa surgirá ante
nuestros ojos como una relación constitutivamente ética. La ética, entonces, como
responsabilidad y hospitalidad, no será entendida como una mera finalidad de la acción
educativa, entre otras, sino por su condición de posibilidad."2 Con el otro, somos,
mutuamente, responsables. Uno y otro nos debemos hasta la eternidad por el simple hecho de
habernos encontrado y haber transitado juntos un trecho de la vida.
Cada uno es para el otro una interpelación que se magnifica al responder genuinamente a
tal interpelación. "El rostro hace de la educación responsabilidad, responsividad.
El otro, en su rostro, se me aparece 'de frente,' 'cara a cara.' El rostro es 'presencia'
no de una imagen, sino de una palabra. En el sustrato de la idea de infinito se encuentra
la ética. La ética no comienza con una pregunta, sino como una respuesta a la demanda
del otro hombre. Esto es lo que significa heteronomía: responsabilidad para con el otro.
Una responsabilidad que no se fundamenta ni se justifica en ningún compromiso previo,
sino que es la fuente de todo pacto y de todo contrato. La responsabilidad, entonces, es
la condición de la libertad, es una responsabilidad anterior a todo compromiso
libre."3 En verdad, no se puede omitir el aserto que sostiene que la responsabilidad
es la mitad de la ética (moral), la otra mitad es la libertad. Y, los libres y
responsables no viven de cualquier manera. Viven humanamente que es una condición que de
entrada remite a conciencia, a comprensión, a interpretación y a sentido.
Sin embargo, en un cierto momento de la contemporaneidad se perdió tanto la perspectiva
racional como la de la acogida en detrimento de la condición humana y del hombre de carne
y hueso, el vecino. Se desfondó la razón y su correlato, la autonomía. Pero la
heteronomía, como aceptación y acogida del prójimo, tampoco se logró afincar en la
especie. "La modernidad es un tiempo de ambivalencia, una época de ambigüedades: la
afirmación del sujeto y, al mismo tiempo, la negación del mismo."4 El individuo tan
pronto se constituyó como se disolvió. Desde los años setenta del siglo XX, Herbert
Marcuse lo advirtió al referirse al hombre unidimensional, a esa producción típica de
la administración total que concibe al hombre como cosa y no como persona.
El desafío contemporáneo tiene que ver con la incorporación del uno y del otro en la
suerte de la especie y este es un asunto de la ética del cuidado mutuo.
TOME NOTA
Campaña de solidaridad: la Asociación de Padres de Familia, les da los más sinceros
agradecimientos por la maravillosa colaboración recibida en el desarrollo de la campaña
de solidaridad que culminó el pasado 30de Agosto. Especialmente, tenemos que destacar la
gran motivación y entusiasmo que pusieron las niñas en su participación individual y de
grupo. Igualmente, el gran empeño de las profesoras por mantener el ánimo, por recoger
el dinero, por participar ellas mismas, etc. a las familias por su generosidad, un Dios
les pague. Gracias a todos, muchas niñas del Colegio de la Compañía de María, podrán
seguir siendo compañeras de nuestras hijas.
El carro se lo ganó el Señor Iván Darío Peláez Arbeláez con el número 2116, vendido
por una niña de 7*1, el segundo premio ($600.000 o un T.V. a color), se lo ganó el
Señor Javier Vélez con el número 6112, vendido por una niña de 1*2 y el tercer premio
($500.00 o un equipo de sonido), se lo ganó el Señor John Jairo Pérez con el número
9137, vendido por una niña de 11*2. A todos ellos, les damos sinceras felicitaciones.
1 Levinas Emmanuel, citado por Barcena F. Y Melich J.C. La educación como acontecimiento
ético. Natalidad, narración y hospitalidad. Barcelona: Paidos, 1997, Pág. 125.
2 Barcena F. Y Melich J.C. Ob. Cit. Pág. 126.
3 Barcena F. Y Melich J.C. Ob. Cit. Pág. 139.
4 Barcena F. Y Melich J.C. Ob. Cit. Pág. 129.
|