Boletín #15 Octubre 2002

 

 

TRANSPARENCIA
Por: Hernán Mira Fernández (*)

"Toda acción referida a los derechos de los otros que no soporta ser publicada, es injusta". Kant
La contundente afirmación del filosofo alemán, la hizo al reformular su imperativo categórico -actúa de tal manera que tu acción se pueda volver principio universal- para aplicarlo al ejercicio del derecho o de la política. El deber de un gobierno democrático es ser transparente, hacer público lo que hace. También el deber ciudadano - y, en especial, el de los representantes de los ciudadanos: el congreso- es exigirle al gobierno que explique por qué hace lo que hace o deja de hacer lo que deja de hacer.
Como se ha podido ver permanentemente en la política, la impopularidad y deslegitimación de los gobiernos no se debe sólo a las transgresiones de la ley denunciadas y sentenciadas por los jueces. Es la incoherencia en las ideas y planteamientos, el incumplimiento de las promesas y la omisión de respuestas lo que desilusiona a los electores y hace que se multiplique el descrédito.
Siempre se piensa en la transparencia como un valor y una virtud más de la vida pública que de la privada. Pero se olvida que esas actitudes, conductas y acciones de mostrarse abiertamente a la luz pública y someterse al análisis y a las críticas positivas o negativas de los otros, son cosas que se aprenden desde la infancia en el núcleo familiar. No se puede exigir de los hijos que sean auténticos, francos, comprometidos con la verdad, transparentes, cuando los padres ocultan sus acciones, se limitan a dar justificaciones o acallan la voz de los hijos, en nombre de una falsa autoridad o poder, cuando estos piden con todo derecho a sus progenitores que expliquen sus actos.
Ser moral es, en su mejor esencia, dar razón de los actos. Y es imposible e injusto pedirle a los hijos que expliquen todas sus acciones o conductas, cuando las de nosotros las mantenemos ocultas con el argumento tan falso y violento como ese tan común de "aquí mando yo". A mayor poder, mayor responsabilidad. Y la transparencia que nosotros diariamente le exigimos al gobierno y a las autoridades, es también la que constantemente exigen los hijos. La transparencia que es esencial en la sociedad y la vida pública, es un pilar fundamental de la vida familiar.

(*) Profesor U. de A. y UPB


LA HONORABILIDAD: ¿cosa del pasado?
Luis Carlos Ochoa V.*

Hay palabras que, gracias a una "nueva" moralidad y al desgaste producido por su uso inadecuado en el lenguaje común, han perdido su vigencia, se convirtieron en antigüedades. Tal es lo que sucede con honorabilidad, definida en el diccionario como "dignidad, honradez" y honorable como "digno de ser honrado".
Cuando hablamos de esta cualidad, automáticamente la conciencia nos lleva al pasado (¡no al presente!), a aquellos abuelos que cumplían la palabra empeñada a toda costa, sin necesidad siquiera de su firma. Hoy, por el contrario, se asume que casi nadie es honorable, que no basta su palabra para creer que va a cumplir una promesa, por eso la exigencia de codeudores, hipotecas, testigos, pagarés, fianzas, seguros, etc. La honradez y la honestidad, se convirtieron en acciones legalistas que en última instancia están definidas por la astucia de un abogado o por "vicios de forma", eufemismo con el que se dejan impunes muchos delitos. "Se dejó pillar", "dio papaya", "estuvo de malas", son entre otras, las frases con las que, de manera olímpica calificamos a aquellos que, tras haber cometido una falta, reciben una merecida sanción.
Por supuesto que tienen que existir las leyes, pero la honorabilidad y la honradez no se construyen con decretos. Tenemos una de las constituciones más extensas y complejas del mundo y sin embargo la violación de esas normas es un hecho espantosamente cotidiano. La conducta recta se debe construir desde la infancia. Es el resultado de la relación con figuras ejemplares y más tarde de la reflexión más que de las leyes. Ya lo dijo Aristóteles: un adulto bueno fue antes un niño bueno a quien se habituó a actuar con rectitud. Los elogios por cumplir con su deber y las sanciones por faltar a la verdad harán que ese niño sea, con el tiempo, "naturalmente" honrado, honorable.
Es pues, necesario rescatar la noción de honorabilidad, vincularla a la vida diaria. Que los hijos entiendan que se es honorable cuando se dice la verdad, así esto los enfrente con sus compañeros; cuando pudiendo "copiar" de una amiga en una prueba por un descuido del profesor, no lo hace; cuando en una compra nos devuelven más dinero del justo y lo retornamos; cuando en unas votaciones escolares, en un concurso, escogemos a los candidatos por sus méritos, no por intrigas o envidias.
En fin, que honorabilidad es tener el valor de no aceptar lo que no nos merecemos, de no recibir algo por lo que no hemos luchado, pues alguien que sí ha trabajado por ello dejará de recibirlo.
"Distinguir lo correcto de lo incorrecto en la vida diaria no es tan difícil; lo que sí resulta arduo es vencer la pereza y la cobardía para hacer lo que sabemos perfectamente bien que debemos hacer. Como todos los padres lo aprenden algún día, sólo con breves ejemplos e incentivos apropiados se puede alentar esa fortaleza". Michael Levim. Times.Nov/89.
*Médico Pediatra, Profesor UPB.



LA TELEVISIÓN DE MODA.
Por: Vladimir Zapata V.
Profesor de la UdeA.

Los programas de televisión más vistos en Colombia en los dos últimos años (2001 - 2002) son los conocidos como realities shows. Son puestas en escena o representaciones con actores, personas, de carne y hueso que actúan su vida de verdad haciéndola pasar, por arte del lenguaje televisivo, como ficción. Sea en una isla, en una casa o en un teatro, el espacio se convierte en un artificio para crear sensaciones, en un lugar para desplegar un guión en el cual se resuelve, como en la selva, la suerte de los actores a favor del más fuerte o más hábil, más audaz o mentiroso, implicando adicionalmente a todos los espectadores frente al televisor.
Transcurren en la pantalla aquellos eventos propios de la privacidad y la intimidad de las gentes, ahora elevados a la categoría de públicos, del interés colectivo, mediante una hábil jugada televisiva. Sin embargo lo más evidente allí es el cumplimiento del aserto que sostiene que "por la plata baila el perro". El modo de ser preciso para tal efecto está bien expresado en la proposición posmoderna del todo vale, nada vale.
Expedición Robinson, Popstars, Protagonistas de novela, son la prueba palmaria, como dice el crítico de televisión Omar Rincón de que morbo, fraude, alucine, voyerismo, copia, moda, negocio e indecencia, lo que sean, están aquí para quedarse. Igualmente, los programas dejan constancias contradictorias acerca de que en este país tenemos: talento, espíritu de sacrificio, solidaridad e iniciativa combinadas con desempleo, desespero, mentira, afán de éxito a como dé lugar y un cierto toque de "canibalismo" con el vecino.
Estos programas serán vistos, inevitablemente, por todos o al menos la gran mayoría en los hogares. Es importante seguirlos con espíritu crítico, conversando sobre la real significación de los mismos, con la conciencia como dice el profesor Rincón de que "muestran una sociedad llorona, pusilánime, mentirosa, aparentadora y de doble moral."



MI COLOMBIA
María Cecilia González T.
Psicóloga.

Somos parte de un pequeño grupo privilegiado y favorecido, en donde a diferencia de un gran sector de la población afectado por la pobreza y la ignorancia, tenemos las necesidades básicas cubiertas y elementos de juicio que deberían propiciar niveles mayores de participación, reflexión y de cambio.

Lejos de reforzar los lazos de unión, confraternidad y solidaridad familiar, se ha llegado al extremo de la pérdida de valores, degradando al ser humano desde la institución más sagrada: la familia. Nos estamos acostumbrando a estar sin participar, a actuar sin reflexionar, a hablar sin escuchar, a transgredir sin evaluar, a reaccionar sin medir consecuencias.
No basta estar juntos en el hogar, hay que generar la diferencia en los estilos de relación, estilos que posibiliten poner los valores en acción, participando en la Colombia del círculo de influencia, que es en la que podemos actuar en forma pacífica, innovadora, ética. Es en este escenario en donde se deben propiciar cambios y actuar buscando lo que soñamos.
Si he construido una familia responsable con la historia, "Mi Colombia", estará conformada por seres convencidos de que su existencia y sus buenas acciones serán su contribución para la construcción de un mundo mejor. Se reemplaza así el paradigma de esperar el cambio liderado por otros, para generar una transformación genuinamente compartida para construir la paz.
El momento histórico presente nos exige una modificación radical de actitudes frente a la dinámica de la familia; sólo así se podrá influir favorablemente en otras esferas.

La felicidad existe sobre la tierra y se la conquista con el ejercicio prudente de la razón, el conocimiento de la armonía del universo y la práctica constante de la generosidad¨. José Martí.



HOSPITALIDAD Y ACOGIDA.
Por: Vladimir Zapata V.
Profesor UdeA.

"Para que pueda ser, he de ser otro, salir de mí, buscarme entre los otros." Octavio Paz.
Estas son palabras potentes que hoy aluden a una necesaria manera de ser y de obrar para restaurar el hilo roto y perdido del cuidado de los otros como condición infaltable para construir un mundo de relaciones sanas, solidarias, enrutadas hacia la felicidad existencial. Tales palabras tienen que ver con la pregunta radical que nos plantean los demás acerca de cómo vivir, es decir, nos remiten a una postura ética.
"El rostro del prójimo significa para mí una responsabilidad irrecusable que antecede a todo consentimiento libre, a todo pacto, a todo contrato."1 El dato más acuciante para la vida cotidiana y los procesos de socialización primaria y secundaria (educación) es la existencia y la presencia del hombre, de todo hombre, considerados individual y colectivamente como la precondición para la reflexión y la construcción científica. La admisión del otro en mi vida es una interrogación permanente y en el horizonte de mis relaciones implica mucho más que un juego de roles. Es la condición necesaria para desarrollar identidad y pertenencia a la especie y a una sociedad particular. Es el ineludible interjuego del nosotros y de los demás. De allí se deriva el cuidado de ambos y la capacidad de dar cuenta de ello y de más.
El otro, pues, emerge como provocación para llegar a ser y en esta respuesta se produce la constitución de uno y otro. "Y desde esta respuesta al otro originaria, desde esta heteronomía que funda la autonomía del sujeto, la relación educativa surgirá ante nuestros ojos como una relación constitutivamente ética. La ética, entonces, como responsabilidad y hospitalidad, no será entendida como una mera finalidad de la acción educativa, entre otras, sino por su condición de posibilidad."2 Con el otro, somos, mutuamente, responsables. Uno y otro nos debemos hasta la eternidad por el simple hecho de habernos encontrado y haber transitado juntos un trecho de la vida.
Cada uno es para el otro una interpelación que se magnifica al responder genuinamente a tal interpelación. "El rostro hace de la educación responsabilidad, responsividad. El otro, en su rostro, se me aparece 'de frente,' 'cara a cara.' El rostro es 'presencia' no de una imagen, sino de una palabra. En el sustrato de la idea de infinito se encuentra la ética. La ética no comienza con una pregunta, sino como una respuesta a la demanda del otro hombre. Esto es lo que significa heteronomía: responsabilidad para con el otro. Una responsabilidad que no se fundamenta ni se justifica en ningún compromiso previo, sino que es la fuente de todo pacto y de todo contrato. La responsabilidad, entonces, es la condición de la libertad, es una responsabilidad anterior a todo compromiso libre."3 En verdad, no se puede omitir el aserto que sostiene que la responsabilidad es la mitad de la ética (moral), la otra mitad es la libertad. Y, los libres y responsables no viven de cualquier manera. Viven humanamente que es una condición que de entrada remite a conciencia, a comprensión, a interpretación y a sentido.
Sin embargo, en un cierto momento de la contemporaneidad se perdió tanto la perspectiva racional como la de la acogida en detrimento de la condición humana y del hombre de carne y hueso, el vecino. Se desfondó la razón y su correlato, la autonomía. Pero la heteronomía, como aceptación y acogida del prójimo, tampoco se logró afincar en la especie. "La modernidad es un tiempo de ambivalencia, una época de ambigüedades: la afirmación del sujeto y, al mismo tiempo, la negación del mismo."4 El individuo tan pronto se constituyó como se disolvió. Desde los años setenta del siglo XX, Herbert Marcuse lo advirtió al referirse al hombre unidimensional, a esa producción típica de la administración total que concibe al hombre como cosa y no como persona.
El desafío contemporáneo tiene que ver con la incorporación del uno y del otro en la suerte de la especie y este es un asunto de la ética del cuidado mutuo.



TOME NOTA

Campaña de solidaridad: la Asociación de Padres de Familia, les da los más sinceros agradecimientos por la maravillosa colaboración recibida en el desarrollo de la campaña de solidaridad que culminó el pasado 30de Agosto. Especialmente, tenemos que destacar la gran motivación y entusiasmo que pusieron las niñas en su participación individual y de grupo. Igualmente, el gran empeño de las profesoras por mantener el ánimo, por recoger el dinero, por participar ellas mismas, etc. a las familias por su generosidad, un Dios les pague. Gracias a todos, muchas niñas del Colegio de la Compañía de María, podrán seguir siendo compañeras de nuestras hijas.

El carro se lo ganó el Señor Iván Darío Peláez Arbeláez con el número 2116, vendido por una niña de 7*1, el segundo premio ($600.000 o un T.V. a color), se lo ganó el Señor Javier Vélez con el número 6112, vendido por una niña de 1*2 y el tercer premio ($500.00 o un equipo de sonido), se lo ganó el Señor John Jairo Pérez con el número 9137, vendido por una niña de 11*2. A todos ellos, les damos sinceras felicitaciones.


1 Levinas Emmanuel, citado por Barcena F. Y Melich J.C. La educación como acontecimiento ético. Natalidad, narración y hospitalidad. Barcelona: Paidos, 1997, Pág. 125.
2 Barcena F. Y Melich J.C. Ob. Cit. Pág. 126.
3 Barcena F. Y Melich J.C. Ob. Cit. Pág. 139.
4 Barcena F. Y Melich J.C. Ob. Cit. Pág. 129.

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